La chica de la ventana.

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Todos los días a la misma hora Isabella esperaba en su ventana al chico de sus sueños. Era alto, de piel blanca tan blanca como la nieve, grandes ojos verdes y un brillante cabello negro.

Desde la primera vez que lo vio sucedió algo raro en ella, sintió un ejército de mariposas locas en su estómago. Era algo que jamás había sentido, se dio cuenta que se había enamorado. Amor a primera vista.

Era un viernes en la tarde, el sol no habia dado la cara. Ahí estaba él con un saco rojo sangre y unos jeans negros. La mirada perdida y un poco triste. Isabella lo miraba de una forma tan tierna y suspiraba.

No dejaba de pensar en él y deseaba verlo de nuevo. Al dia siguiente  ya estaba ella ansiosa esperándolo en su ventana. Y ahí estaba él de nuevo, pasando por su calle. Isabella decidió que ya era hora de acercarse a él así que le lanzó desde su ventana un avión de papel que había hecho su hermano menor la tarde anterior.

Él voltea y la mira, ambos sonríen.

¿Cuál es tu nombre? Pregunta él con una voz dura pero hermosa. ¡Me llamo Isabella! ¿Y tú? Responde ella con una voz tierna y tímida.

Me llamo Jay, responde sonriendo. Espero verte de nuevo mañana, adiós.

Ella brincaba de felicidad, por fin había hablado con el chico de sus sueños, ya sabía su nombre y eso para ella ya era un avance. Al día siguiente ella lo espera, pasan las horas pero no supo de él. ¿Será que le pasó algo? Pensó ella. Estaba leyendo un libro en su habitación cuando de repente alguien la llama, ¡Isabella! ¿Estás ahí? Era esa voz dura y hermosa. Era él. Tenía sus manos escondidas. Ella sale muy feliz, por fin lo tiene en frente.

¿Como es que no te había visto antes? Le dice él.

Ella se desilusiona un poco porque pensaba que él la había llegado a ver esperándolo todas las tardes en su ventana.

No lo sé. Responde ella un poco triste. Él sonríe y deja ver sus manos, tenía un ramo de rosas enorme. Toma, son para ti. Dice él.

Isabella no lo podía creer de sus ojos caen unas cuantas lágrimas. ¿Qué pasa? ¿Te molesta? Pregunta él. ¡No, claro que no! Es que nunca nadie me había regalado flores y es un regalo muy hermoso. Responde ella.

No llores, estoy feliz por tenerte en frente. Espero verte mañana, que estés bien. Él se despide y se pierde entre la neblina.

Pasan los días, los meses y ella no deja de mirar su ramo de rosas ya completamente secas. Él no volvió a pasar por su calle. Alguien toca a su puerta. Era una señora con grandes ojeras y ojos tristes. ¿Tú eres Isabella? Sí, responde ella.

Soy la madre de Jay, mi hijo quería que tú tuvieras esto, perdón por no haber venido antes. La señora se va. Isabella queda muy pensativa, era una carta que decía:

Querida Isabella, seguramente cuando leas esto yo ya estaré muerto. Quiero que sepas que estos últimos años que pase por tu calle, me percaté de tu presencia. La hermosa chica de la ventana, la mujer más hermosa que vi en toda mi vida, desde la primera vez que te vi me enamoré perdidamente. No sabes como me arrepiento, por no haberte hablado. Deje que ganara mi timidez, en cambio tú… Nunca olvidaré ese avioncito de papel que me lanzaste, si no hubiera sido por eso nunca hubiera sabido tu nombre ni te hubiera podido dar flores. Pensaba que jamás te fijarías en un enfermo. Por eso no quise hacerme ilusiones. Digo que soy un enfermo por que tengo leucemia y estoy en mis últimos días. Quiero que sepas que tú eras lo único que me mantenía con vida, verte me mantenía con vida. Por eso pasaba por tu calle, así fuera el camino más largo para llegar a casa. Estoy feliz por que fui el primero que te dio flores. Moriré con ganas de abrazarte, de besarte. De nuevo te pido perdón, por haber  dejado que ganara mi timidez y ahora nunca podré tenerte conmigo. No quiero alargar más esta carta. Me duele mucho todo esto.

Deseo que seas muy feliz.

Jay.

 

Andrea SaagAutor: Andrea Saag
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Un comentario en “La chica de la ventana.

  1. Alejandro Mardjanian Petrosian dijo:

    Le agradezco a la Chica de la Venta su inesperada visita. Un antiguo proverbio armenio dice: “Un libro es como un jardín en el bolsillo”. Y su blog también es un inesperado oasis visto desde una ventana. Una ventana abierta al mundo. Y para que la luz del sol pueda brillar a través de la ventana, deben levantarse las persianas incluso en un día lluvioso. Sin agua de la lluvia y sin la luz del sol jamás florecerá el jardín del corazón.

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